VERSÍCULOS QUE ORDENAN EL ASESINATO DE MUJERES INOCENTES

VERSÍCULOS QUE ORDENAN EL ASESINATO DE MUJERES INOCENTES

Deuteronomio 22: 22-25: pobre de una mujer casada que sea violada en un pueblo o ciudad y no grite, porque por si fuere poco el trauma de ser violada el autor de este versículo ordena que se la asesine cruelmente mediante lapidación. En cambio “perdona la vida” a la violada en el campo que no grite porque si es un lugar aislado de nada sirve gritar si nadie te oye. Pero tan injusto como lo anterior es que castiga al hombre no por los daños que causa a la mujer violada, sino por los perjuicios que ha causado al marido de ésta, ya que ésta es una pertenencia más del marido. Es por eso que se penaliza a los violadores de mujeres casadas, pero no a los de mujeres solteras.

Deuteronomio 22:13-21: Cuando compramos un artículo en Amazon casi siempre queremos que sea nuevo de trinca. Si nos lo venden como nuevo y resulta que no lo es, simplemente lo devolvemos, pero no lo destruimos. Pero el autor de este versículo tiene muchos menos miramientos con la mujer que ya ha sido “usada” sexualmente por otro hombre, ordenando apedrearla hasta que muera si no pasa con éxito la prueba de virginidad.

Resulta revelador que si el marido acusa falsamente a su mujer de no haber llegado virgen al matrimonio, el primero no tiene que resarcir a ésta sino al padre de ésta, ya que esta última es un simple objeto que el padre transmite al marido. Si la mujer no llega virgen al matrimonio, el castigo se lo lleva ella, pero si resulta que sí es virgen y es su marido quien la ha acusado falsamente de no virginidad, la indemnización por difamación se la lleva el padre de ella. Esa es la justicia de quien escribió este precepto bíblico.

Levítico 21:9.

Todos estos versículos son los que han llevado durante siglos a las degradantes pruebas de virginidad de las mujeres y al castigo (causándoles a veces mucho sufrimiento) a las que no llegasen vírgenes al matrimonio.

De nuevo, si queremos un cristianismo libre de crueldad estos Versículos Dañinos conviene entenderlos en el contexto de las sociedades patriarcales que han existido en casi todo el mundo desde cierto momento del Neolítico hasta el triunfo de las ideas liberales de la Ilustración. Por tanto, para una reforma benigna del Cristianismo conviene considerar dichos preceptos bíblicos no como la Palabra de Dios, sino como normas predicadas por personas con nombre y apellido que fueron educados en esa mentalidad tan machista propia de su época y a los que convenían dichas normas.