¡NO DAÑEMOS!: REFORMEMOS EL CRISTIANISMO TRADICIONALISTA

Es más, he decidido no poner ningún pie en ninguna celebración religiosa de ninguna iglesia hasta que no haya llevado a cabo dichas reformas, salvo en templos cuyos párrocos o pastores las defienda en los mismos. Y te animo a que hagas lo mismo tú también, ya que si todos lo hacemos pronto se llevarían a cabo las mejoras anteriores.

Alguno puede pensar que es esta idea es radical, pero con la tibieza no es como se suele conseguir cambiar las injusticias arraigadas desde milenios. Con la expeditividad y la eficiencia, en cambio, sí.

Y sería una forma en que los cristianos de base pueden apoyar al Papa Francisco y al clero reformista frente a la curia que quiere mantener a toda costa el injusto orden milenario.

Como excristiano agnóstico que soy, sé que muchos humanos necesitan de la religión o de la espiritualidad. Y por tanto, tengo claro que para conseguir una sociedad justa y feliz es muy importante que haya un cristianismo benévolo, inocuo, moderno y liberal. Y lo mismo es aplicable al resto de religiones, todas las cuales pueden constituir estupendas herramientas que aporten mucho bien.

Y envío este mensaje con plena conciencia de que algunos lo aplaudirán, pero otros lo rechazarán. Porque siempre que alguien propone reformar abusos hay los que lo apoyan, pero también los “guardianes de la tradición” que se oponen, algunos incluso hasta las últimas consecuencias:

  1. Cuando Jesucristo quiso reformar el judaísmo, bastantes reaccionarios no pararon hasta que le dieron muerte, y muerte de cruz
  2. Cuando Lutero quiso reformar el Catolicismo eliminando bulas, nepotismos y otros abusos, y bastantes le siguieron en ese empeño, los contrarreformistas no pararon hasta exterminar al 20% de la población europea, llegando al 60% en partes Alemania, y dejando a la mayoría del resto de centroeuropeos despojados de padres y otros seres queridos, víctimas de torturas sistemáticas a civiles para robarles su riqueza y alimentos con la que financiar las guerras de religión, traumatizados, en la miseria y la devastación.
  3. Cuando los ilustrados, los sublevados de la Revolución Francesa, Napoleón y los rebeldes de las revoluciones liberales de 1830 y 1848 consiguieron terminar con la Inquisición, las torturas y otros elementos del Cristianismo opresivo y represivo propio del Antiguo Régimen, bastantes contrarevolucionarios hicieron todo lo posible para reintroducir todo lo anterior. Afortunadamente al final triunfó el bien (concretamente el bien para las víctimas inocentes de las atrocidades anteriores).
  4. Cada vez que algunos han luchado por una abolir una injusticia, como la prohibición del divorcio o la despenalización de la homosexualidad, dichas mejoras sociales han sido siempre combatidas por bastantes tradicionalistas cristianos, grupo formado, por un lado, por los fundamentalistas (partidarios de aplicar la Biblia tal como está escrita, por ejemplo matando a homosexuales) y, por otro lado, por los conservadores en diferentes grados (partidarios de mantener atropellos de las Escrituras pero de forma no tan extremista, por ejemplo en vez de matando a los gais simplemente encarcelándolos y/o causándoles otros tipos de daños físicos, verbales y psíquicos, así como sometiéndolos a marginación y leyes discriminatorias; es decir, les perdonan la vida, ¡qué buenos que son!).

Pero soy optimista y creo que al final triunfará el bien, tal como ha sucedido repetidamente en numerosas batallas culturales desde hace 3 siglos.

Xavier Paya