
Si queremos un mundo mejor en que vivir, con menos sufrimientos y abusos, es necesario cambiar las 9 principales formas de pensar causantes de muchas maldades: el ultranacionalismo/etnicismo/racismo (dentro del cual está el nazismo y el fascismo), el especismo, el comunismo y similares, el esclavismo y similares (todavía hay decenas de millones de esclavos en el mundo), el machismo (y en mucho menor medida el matriarcalismo pseudofeminista), el militarismo, el imperialismo y el tradicionalismo iliberal obstinado en mantener injusticias, especialmente el cristianismo, islam, hinduismo y judaísmos conservadores y sobre todo si son en grado fundamentalista (en contraposición con las versiones benignas, tolerantes y liberales de esas religiones). Y en general todo tipo de autoritarismos y totalitarismos, así como de creencias según las cuales está permitido hacer daño a los demás (con la excepción básicamente de la legítima defensa, que obviamente está justificada).
Todos tenemos creencias de ese tipo, por lo que conviene que todos hagamos un trabajo de limpieza de nuestra mente para conseguir un mundo más feliz.
Dentro de todo este ingente trabajo por un mundo más feliz en que vivir está la reforma del Comunismo, una buena misión que animo a que todos los comunistas de buena fe lleven a cabo.
Para ello primero es necesario entender bien por qué la doctrina marxista es causante es causante de grandes padecimientos y atropellos para a continuación abordar la solución.
MARXISMO
Hay quien dice que la causa del fracaso del Comunismo realmente existente es que no ha aplicado bien las teorías de Marx y que lo que hay que hacer es ponerlas en práctica de forma correcta. Sin embargo, la realidad es que el origen de los grandes sufrimientos e injusticias causadas por el Comunismo está en los propios libros de Marx.

Aunque probablemente sí sea cierto lo que dicen algunos de que tanto Marx cono Engels creían bienintencionadamente que la aventura comunista terminaría con un final mucho más feliz de lo que ha acabado siendo en la realidad, pusieron las bases principales para el purgatorio (cuando no un auténtico infierno) que acabó siendo el Comunismo. Dos de esas bases son la lucha de clases (frente a cooperación mutuamente beneficiosa entre empleadores y empleados, proveedores y clientes) y la revolución violenta para conseguir el poder (frente al voto en las urnas). De hecho, Marx tenía muy buenos conocimientos de historia y por tanto estaba bien informado sobre la época del Terror y del Gran Terror de la Revolución Francesa, revolución en la que se inspiró para su revolución comunista. Por ello sabía que en las revoluciones violentas, sobre todo cuando una minoría quiere imponerse a la mayoría, pueden haber asesinatos, torturas, privación de libertad y otro tipo de sufrimientos causados a inocentes. Por consiguiente, los escritos de Marx son una apología del crimen.
Además, defendió la dictadura del proletariado (frente a una democracia que represente a todo el pueblo), el robo de la propiedad privada (frente a la protección de la propiedad obtenida de forma honrada) y la imposición y autoritarismo (frente a la libertad individual). De hecho, alabó la revolución Taiping que tuvo lugar en China en su época, una revolución al mismo tiempo comunista y cristiana que prometía una paraíso en la tierra y acabó resultando un despotismo insoportable en que se aplicaban unas varias de medir muy diferentes a los dirigentes que a la mayoría de sometidos.
Otra de las injusticias predicadas por Marx es el robo del beneficio a los empresarios, que es como quitar el salario a los trabajadores, las rentas de alquiler a los arrendadores o los honorarios a un profesional por los servicios prestados. Tantas horas de estudio en la biblioteca central de Londres para hacer afirmaciones que chocan contra la lógica más elemental: que la plusvalía (el beneficio o margen de beneficio) de los capitalistas (empresarios) es un robo de éstos a los trabajadores, a los que debería corresponder. Ello es absurdo, ya que si alguien invierte su dinero en una empresa le corresponde el beneficio que genere, ya que la empresa le pertenece a él y no a los empleados. Si le quitan el derecho a ese beneficio, ¿qué sentido tendría crear empresas e invertir o reinvertir en las mismas? Si constituir una empresa sólo tiene inconvenientes (inviertes tu ahorros y asumes riesgos pero no ganas nada, aparte del estrés, esfuerzo y preocupación que sufres para que la empresa funcione, etc.) pero ninguna ventaja, ¿quién va a crear y mantener empresas?
No sólo predicó el robo, sino también el odio injusto al empresario y al propietario. La base de ese odio es la idea difamatoria de que el capitalista se lucra a costa del trabajador y lo explota. El empresario exitoso se lucra sí (y como normalmente ese lucro lo ahorra y reinvierte su patrimonio suele ir en aumento), pero como consecuencia de crear una empresa y gestionarla bien. Para ello necesita relaciones de intercambio con empleados, proveedores y clientes, relaciones en las que todos ganan y por ello acceden libremente a las mismas. Y el margen de beneficio que obtienen la mayoría de empresarios (tanto en hoy en día como en el siglo XIX) es ajustado debido a la competencia que hay en la mayoría de mercados, ya que quien pretenda aumentar su margen por encima de lo razonable se queda rápidamente fuera de mercado y tiene que cerrar. Si lo hace a base de aumentar precios se queda sin clientes y si lo intenta a base de reducir costes se queda sin proveedores y trabajadores. Sólo las empresas monopólicas u oligopólicas pueden obtener grandes márgenes mientras pagan a sus empleados sueldos ajustados. Parece sorprendente que Marx, que procesó tantos datos y estadísticas, no transmitiese en sus libros estas realidades básicas propias de los mercados en que hay competencia, ya sea en el siglo XIV o en el siglo XXI.
Y no es que la mayoría de empresarios sean ningunos angelitos, pero si no lo son no es porque sean empresarios, sino por ser homo sapiens, que es una especie con una marcada tendencia abusiva que lleva en su ADN. Pero probablemente la abusividad en el colectivo de los empresarios y especialmente de los emprendedores es menor que en el conjunto del género humano, ya que tienen un modus operandi orientado a obtener riqueza generándola (con el trabajo, ahorro, inversión, emprendimiento, innovación, formación, ofreciendo productos y servicios con una buena relación precio-calidad, etc.), a diferencia de los que tienen un modus operandi orientado a obtener riqueza quitándola a los demás. Por ello el sistema capitalista orientado hacia la creación de riqueza es mucho más honrado (a pesar de los innegables abusos que tienen lugar dentro del mismo) que la mayoría de sistemas que han existido en la historia (como los cacicazgos del neolítico que se atacaban los unos a los otros para robarse las tierras y las mujeres o los posteriores sistemas esclavistas, feudales, monarquías del antiguo régimen, estados imperialistas y, en menor medida, comunistas), basados normalmente en la ley del más fuerte, en el sometimiento y explotación de los más débiles por parte de los más matones y poderosos, así como opresores y violadores de los derechos humanos. Y además, el sistema capitalista (al menos el moderado) es de los pocos que no explotan, ya que es de los pocos en que las relaciones laborales son libremente consentidas y sobre una base win-win en que todos ganan (tú me prestas un servicio y yo a cambio te doy un sueldo, generalmente en condiciones de mercado). En el capitalismo los bienes materiales se compran, a diferencia de los sistemas antes mencionados, en que principalmente se roban de forma violenta.
Marx ya hizo uso de la difamación, manipulación y mentira tan propio de los regímenes de extrema izquierda (como también de los de extrema derecha como hacía Goebels en la Alemana nazi), fomentando injustamente el odio a la burguesía del mismo modo que Hitler y Mussolini lo hacían con los judíos, siendo la causa de un gran sufrimiento a muchas víctimas inocentes. Y no sólo hablo de asesinatos y atrocidades a la clase alta, sino sobre todo a millones de personas de clase media y campesinos normales (no latifundistas) que cultivaban su propio trozo de tierra del que eran unos repugnantes propietarios (pequeños propietarios).
La manipulación propia de Marx se refleja en ese lema que tanto han repetido él y sus seguidores: “Los proletarios no tienen nada que perder aparte de sus cadenas”. Es el mundo al revés, porque en los países capitalistas cada vez más libres en los que vivió Marx (Alemania, Francia, Bélgica y Gran Bretaña) los trabajadores tenían una libertad creciente que les permitía, entre otras cosas, cambiar de empresa si no le gustaba donde trabajaban, montar su propio taller o tienda si no les gustaba trabajar para los demás o emigrar a otro país si no les gustaba donde vivían (y de hecho millones se fueron a América, donde les regalaban considerables extensiones de tierra, consiguiendo una cierta prosperidad e independencia). Libertades de los proletarios que fueron abolidas por las diferentes “dictaduras del proletariado” predicadas por Marx, atándolos con cadenas en vez de quitárselas.
Por si todo lo anterior fuera poco, con Marx y Engels comenzaron también las dobles varas de medir tan típicas de todos sistemas comunistas y similares. Al mismo tiempo que Marx criticaba a la burguesía y la convertía en un chivo expiatorio culpable de todos los males del proletariado, tanto Marx como Engels vivieron como burgueses tan pronto como sus ingresos se lo permitieron. Durante años a Marx no le quedó más remedio que sobrevivir como un proletario en el Soho de Londres, en aquella época un barrio pobre, y de hecho se le murió algún hijo por falta de atención médica porque Marx antepuso sus ambiciones político-intelectuales a sus responsabilidades como padre. Pero cuando recibió dinero de Engels y de una herencia rápidamente se mudó a una casa acomodada en un barrio elegante de Londres, donde tenía un estilo vida de burgués. Y lo mismo hizo Engels, que se codeaba con aristócratas alemanes que residían en Manchester.
Ya sentaron las bases de la típica hipocresía comunista consistente en predicar la igualdad y pero vivir de manera desigual y privilegiada cuando se puede. Ahí empezó esa clásica ley comunista del embudo (ancho para mí y estrecho para los demás) que caracterizaría a la mayor parte de dirigentes de todos los regímenes comunistas y similares, como la mansión de los Ceauscescu que se puede visitar en Bucarest o los guerrilleros sandinistas de Nicaragua, que expropiaban propiedades para acto seguido ponérselas a su nombre particular. O, mucho más cerca, en el espacio y el tiempo, tenemos a Pablo Iglesias e Irene Montero, que predican la igualdad, pero que no renunciaron a sus sueldazos enormemente desiguales a los de la clase trabajadora y que se compraron el casoplón que en España casi todos conocemos. O Yolanda Díaz, otra predicadora de la igualdad que tampoco ha renunciado a su supersueldo desigual ni tampoco al ático de 443 m2 en el privilegiado barrio del Retiro de Madrid que le corresponde como Ministra de Trabajo. Podría haber renunciado a ello para irse a vivir a un pisito de 50 m2 en Getafe o Fuenlabrada y así vivir igual que la clase trabajadora a la que supuestamente defiende, pero el modus operandi real de la mayoría de dirigentes comunistas o de corte similar es el que es.
Otra hipocresía de Marx que heredarían parte de sus seguidores es llamar explotadores a los empleadores burgueses a pesar de que sus relaciones con sus trabajadores eran libremente consentidas y mutuamente beneficiosas, pues les pagaban un salario, mientras que Marx, en cambio, nunca pagó nada a su sirvienta Helene Demuth. Y ello no sólo cuando era pobre y vivía en el Soho, sino tampoco cuando vivía como un rico burgués. Esa pauta sería copiada por grandes líderes comunistas como Stalin, Mao o Pol Pot, que convirtieron al grueso de la población en siervos del estado, mucho peor remunerados y con mucho peor nivel de vida (incluso millones en régimen de esclavitud y también millones de personas sin lo básico para sobrevivir, muriéndose literalmente de hambre) que en las democracias liberales capitalistas.
¿BONDAD O MALDAD HUMANA COMO ORIGEN DEL COMUNISMO?
El afán socialdemócrata de mejorar las duras (si no durísimas) condiciones de la clase obrera en el siglo XIX nacía de la empatía, sobre todo cuando los que luchaban por ello no eran víctimas de ello, como era el caso de Engels, hijo de un rico industrial alemán. También surge de la sensibilidad cuando sufres al enterarte de que muchos trabajadores terminan sus día agotados, alienados y sin tiempo para sí mismos tras jornadas que en algunos lugares y épocas alcanzaban las 18 horas diarias de un trabajo que además era repetitivo, aburrido y pesado. Y brota asimismo de la bondad humana cuando sientes compasión al ver que padres obligan a niños a trabajar largas horas y los capataces de las fábricas o minas los pegan si se duermen en el trabajo. Y como consecuencia de ello quieres terminar con horarios extenuantes y el trabajo infantil. Emana del sentido de la ética cuando ves que un obrero ha tenido un accidente en la fábrica con su máquina de tejer y se queda en la miseria teniendo que pedir limosnas en la calle y ello te hace sentir mal y por tanto quieres evitar esa situación mediante una Seguridad Social y un estado protector que evite situaciones como esa o que cuando un niño se queda huérfano de padre y madre también se quede en la calle a merced de bandas de delincuentes que lo explotan.
En cambio, nace del lado oscuro del ser humano la dictadura del proletariado mediante una revolución violenta por la que una minoría quiere imponer su dominio a la mayoría en la que además roban la propiedad privada que proceden del esfuerzo honrado. También pertenece al ámbito de las miserias humanas la envidia, la codicia de los ajeno acompañada del afán de robarlo, el autoritarismo, el abuso de inocentes, aprovecharse de las insatisfacciones de los trabajadores para buscar satisfacer vanidosamente la propias necesidades de relevancia, poder, enriquecimiento, etc.
De hecho, se han hecho investigaciones en el campo de la psicología que prueban la correlación entre psicopatía y narcisismo con comunismo autoritario, así como que bastantes militantes dentro de ese tipo de comunismo bajo una apariencia de lucha por una sociedad más justa en realidad buscan satisfacer egoístamente las necesidades de su ego, si es necesario cometiendo crueldades con los demás. Un ejemplo es Chávez, egoístamente interesado en reducir al grueso de la población venezolana a pobres dependientes del estado para poder mantenerse él en el poder, como se puede ver en este vídeo: