¡NO DAÑEMOS!: NO HAGAMOS EXPERIMENTOS DOLOROSOS CON ANIMALES

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Imagina que te secuestran a ti o a alguno de tus seres queridos, te/le meten en una jaula aislado y sin poder socializar, te/le inoculan células cancerígenas y someten a radiación para que desarrolléis cáncer, os inoculan virus, os taladran el cráneo y aplican descargas de electroshock directamente en vuestro cerebro. O que os disparan con armas para ver qué tipo de heridas os causan u os someten a armas nucleares, químicas o biológicas. 

Visualiza que os obligan a beber 15 botellas de vino al día, os meten a la fuerza tubos que llegan hasta el estómago, os pinchan en vuestro ojo u os hacen otro tipo de pruebas dolorosas, sin anestesia para no alterar resultados experimento. Siempre estáis con el miedo de a ver qué va a ser lo siguiente que os van a hacer y cuánto de doloroso será. Y además sabéis que una vez os hayan hecho todo lo que querían haceros y ya no les sirváis más os matarán (usar y tirar).

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Imagínate que quienes experimentan contigo y te causan sufrimientos piensan que eres un simple sudaca o un negro de mierda o un maldito europeo, americano, ruso o chino. Y que por tanto tienen derecho a causarte daños, a usar y abusar de ti, máxime cuando ello produce un beneficio para los que sí tienen la “clasificación adecuada”. Sería cruel, ¿verdad? Esos tipos de maldades humanas son las que caracterizan a la psicopatía, mucho más extendida en diferentes grados de lo que nos podemos creer.

Y encima los experimentadores se quedan tan indiferentes como el Dr. Mengele, que pensaba de sus víctimas que eran simples judíos y que por tanto daba igual lo que sintiesen, y que además ello contribuía al desarrollo de la medicina para los arios, que eran para él los que realmente contaban. 

O como los nacionalistas japoneses que durante la Segunda Guerra Mundial hicieron experimentos médicos sin anestesia, como vivisecciones (operaciones estando las víctimas vivas) tremendamente dolorosas, con miles de prisioneros de lo que consideraban las “razas inferiores” (blancos europeos, estadounidenses y australianos, chinos, etc.), ya que todo ello era por el bien del pueblo japonés, la “raza superior” según ellos. Consideraban que como ciertos seres sintientes no tenían la “etiqueta adecuada” no procedía empatizar con ellos.

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Pues todos esos experimentos crueles los estamos realizando con un número apabullante de seres sintientes no humanos: entre 100 y 500 MILLONES CON M cada año, es decir, 1.000-5.000 MILLONES en 10 años y más de 10.000-50.000 MILLONES en 100 años. Pensemos que la población humana de unos 8.000 millones de habitantes. 

Y lo que es más, casi el 90% de las intervenciones son sin anestesia. Entre las víctimas hay muchos monos y también perros. Los expertos afirman que todos esos mamíferos sienten tanto sufrimiento como los humanos, pues su sistema nervioso es muy similar.

Para lo que interesa consideramos que los animales no humanos son muy diferentes a los animales humanos, incluso simples cosas, pero para lo que nos conviene resulta que de repente son muy parecidos a nosotros (incluso su cerebro y sistema nervioso), tanto como para utilizarlos en experimentos orientados a conseguir productos y tratamientos para humanos o en prácticas de cirugía para los alumnos de medina.

Igual que sucedía con las esclavas negras, que para amamantar a los hijos de sus amos de repente eran suficientemente parecidas a las blancas. A lo largo de la historia siempre hemos inventado la narrativa más adecuada para justificar los diferentes tipos de explotación, como que lo hacemos por nuestros seres queridos, ya que una parte del cerebro sabe que hace daño a los demás está mal y por tanto necesita convencerse a sí mismo y a los demás de que está justificado en ese caso por algún “buen” motivo.

Contribuir a la sanación de algunos seres sintientes no justifica causar este tipo de sufrimiento de otros seres sensibles. Lo justo es hacer experimentos con tejidos de cultivo o con voluntarios humanos, pagándoles lo que haga falta para que se les compense. Y ese coste le corresponde asumirlo al sector sanitario y los usuarios de los servicios médicos. No es ética la sobrelongevidad artificial low cost a costa de hacer un infierno de las vidas de miles de millones de seres sintientes.

Gracias por compartir y no usar productos que han sido experimentados en animales,

 Xavier Paya 

Iniciativa ¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.

 

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