¡NO DAÑEMOS!: SEAMOS HONESTOS

Seamos honestos


Una forma de dañar a los demás es la deshonestidad. Diferentes estudios científicos han descubierto la correlación positiva entre honestidad y buenas relaciones, felicidad, satisfacción con la vida y buena salud física y mental. También con la renta per cápita y funcionalidad de los países. Por si fuese poco, esa fiabilidad es una de las cualidades que más valora la gente, más incluso que la inteligencia o el sentido del humor.

Aprendamos de países altamente honrados como Japón, los nórdicos o Suiza. Es un gusto vivir en países así. Dicen que poder confiar en los demás y en el Estado contribuye a que la mayor parte de esos países suelan liderar los rankings de felicidad.

Por tanto, seamos nosotros también íntegros y además inculquemos esa cualidad a nuestros hijos, así como en las escuelas. Ello también nos beneficiará a nosotros egoístamente, ya que nuestros hijos serán más nobles con nosotros y entre hermanos.

Algunos ejemplos típicos de deshonestidades que dañan a los demás son el inquilino que deja de pagar el alquiler pudiendo pagarlo y el empleado que se escaquea y dedica parte del tiempo por el que le remuneran a temas personales. O el empresario que para optimizar su rentabilidad impone jornadas de trabajo extenuantes (sin dar posibilidad de jornadas más cortas aunque sean menos retribuidas) que hacen que algunos empleados se quemen, lo cual es algo emocionalmente doloroso, hasta el punto que puede llevar al suicidio.

Otros ejemplos son la mujer que chantajea emocionalmente a su pareja cuando le interesa, amargándola para obtener de ella lo que quiere, o que en un divorcio intenta desplumarla usando malas artes. O el hombre que pretende dominar a su cónyuge, a veces incluso mediante la fuerza física. O quien no cumple su parte de un contrato o acuerdo. Probablemente has sido víctima alguna vez de algún incumplimiento y te ha fastidiado, ¿verdad?


Y también está el okupa sin el consentimiento explícito o tácito del propietario, especialmente cuando además se apropia o destruye parte de lo que dentro del inmueble, así como el político corrupto que roba o malgasta por egoísmo el dinero que tanto cuesta ganar a los contribuyentes. O la persona que se encuentra una cartera en la calle y se queda el dinero que hay dentro de ella o el inspector de Hacienda prevaricador que exige a contribuyente cantidades indebidas según la ley para ganarse un bonus que no le corresponde.

Y el constructor que cobra una paga y señal para construir una casa y luego desaparece con el dinero. O el funcionario que se queda en su casa diciendo falsamente que está enfermo o que acude al trabajo pero trabaja poco a cambio del sueldo que le pagan los contribuyentes con el sudor de su frente. O la aseguradora que pretende indemnizar muy por debajo de valor real de los daños y perjuicios. O el jetas que pide favores con demasiada facilidad, intentando obtener más de lo que da. O el aprovechado que pudiendo trabajar recurre a la picaresca de pedir una pensión por discapacidad, salario mínimo u otro tipo de ayudas para vivir permanentemente a costa de los demás.

En realidad la lista de podría ser bastante más larga, pero toda esa casuística siempre tiene el mismo común denominador: buscar con los demás relaciones win-lose, en que el pillo o abusador intenta ganar a costa de los demás.

La falta de integridad está tan extendida que son necesarios miles y miles de preceptos en multitud de leyes y reglamentos para evitarlos, así como numerosos jueces, fiscales y policías. Y a pesar de todo ello, en bastantes países hay MILLONES con M de procedimientos judiciales abiertos, a menudo debidos a la falta de rectitud, más muchísimos más abusos que no se demandan judicialmente.   

¿Prefieres vivir en un lugar donde te engañan, incumplen y se aprovechan de ti o en un lugar más civilizado donde sabes que puedes confiar en los que te rodean? La respuesta es obvia y por ello para conseguir un mundo mejor en el que vivir es fundamental la cultura de la honradez, que incluye básicamente 2 cosas:

En primer lugar crear relaciones y acuerdos libremente consentidos que sean win-win (gano-gano), es decir, en que todos ganemos, mutuamente beneficiosos. Ello sin perjuicio de que en ocasiones estén justificadas las relaciones lose-win (pierdo-gano) con personas que no pueden valerse por sí mismas.



La segunda pata de la rectitud es el cumplimiento, es decir, ejecutar a rajatabla nuestra parte de los acuerdos.

Esa integridad conviene que no sólo la apliquemos nosotros mismos con celo, sino que la enseñemos a nuestros hijos desde la cuna. Además, es importante que los colegios inculquen el valor de la honestidad y la confiabilidad año tras año, INTENSAMENTE, tanto en la asignatura de ética, valores o equivalente como en general en todos los ámbitos de la escuela, corrigiendo los profesores cualquier tipo de conducta abusiva.

Si los vikingos que se dedicaban al pillaje, haciendo razzias en que robaban, violaban, incendiaban y hacían esclavos para luego venderlos, se han convertido con el tiempo en escandinavos modernos que están entre los más rectos y civilizados del mundo, ¿por qué no va a poder hacer esa transformación cualquier otra sociedad humana?

La clave es que haya bastante gente que se proponga ese cambio, la suficiente como para conseguir una mejora en la educación ética de las siguientes generaciones, porque muchas veces querer es poder.

¿Quieres contribuir a ese cambio? Un primer paso que puedes dar para ello, aparte de ser tú honesto, es difundir este mensaje en todas tus redes sociales y a todos o la mayor parte de tus contactos.

Muchas gracias por compartir,

 Xavier Paya 

Iniciativa ¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.

 

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