¡EVITEMOS DAÑOS!: DENUNCIEMOS LAS INJUSTICIAS

Para conseguir un mundo mejor en que vivir es necesario denunciar y condenar todo tipo de atropellos: los que vienen de la derecha y de la izquierda, de arriba y de abajo, de delante y de detrás. Los cometidos por los fascistas, pero también por los de los comunistas, los de los israelís, pero asimismo los de los árabes, los de los musulmanes y también los de los cristianos, hindús, ateos …

La manera más efectiva de terminar con los abusos es la educación de los niños y la pedagogía con los adultos, concienciando y convenciendo. Pero la presión social también es una herramienta necesaria, sobre todo con los agresores más recalcitrantes. Cuando no es suficiente envolviendo con la cuchara, pinchemos un poquito con el tenedor y si no es efectivo hagámoslo un poco más fuerte con el cuchillo.

La presión social incluye la desaprobación, denuncia, juicio y condena. Es eficaz porque todos somos sensibles al rechazo social y a la sanción. A partir de un cierto nivel de oposición y consecuencias negativas, la gente tiende a evitar las conductas victimizadoras.

Callar frente al abuso es nefasto, pues lleva a la impunidad. Y ésta es la tierra perfecta para que crezca la planta de la maldad. El que mira hacia otro lado es un coadyuvante de la misma.

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Y mucho peor todavía que lo anterior es cuando está mal vista la denuncia del atropello y la lucha contra él. El que tiene esa actitud no es coadyuvante, sino claramente un cómplice del mismo, por mucho que a veces se envuelva en un abrigo de falsa santidad. Leer más en…

¡NO DAÑEMOS!: Quitemos la máscara de la santurronería tóxica

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Por ejemplo, en bastantes países, incluyendo Japón, está mal visto que una mujer haga público haber sido violada o abusada sexualmente. No hace mucho también sucedía en Occidente. Ello es el mundo al revés, ya que el problema nunca es la mujer violada que denuncia el crimen de que ha sido víctima, sino aquellos que la ven con malos ojos o que incluso la encarcelan a ella en vez de al violador, como sucede todavía hoy en algunos países de mayoría musulmana tradicionalista, como Dubai.

Hay quien considera la denuncia como algo agresivo o molesto. Pero cuando se aborda terminar con un tipo de canallada concreto, aquellos a los que realmente les desagrada que se saque a relucir ese tema suelen ser los que forman parte de dicha maldad, ya sea como autores o como cómplices. Porque si no, ¿por qué iban a molestarse tanto?

Por tanto, los que más se molestan al sacar a relucir un abuso concreto son los que más precisan de cura confrontándose con el mismo y los daños que causa. Son los que más necesitan tomar conciencia del tema para cambiar su posicionamiento sobre él. Porque ello es el primer paso para hagan la metamorfosis de problema a solución, es decir, para dejen de ser parte del agravio y comiencen a formar parte de la lucha contra el mismo.

De hecho, todos necesitamos sanar nuestra malignidad para convertirnos en buenas personas, ya que todos tenemos de forma genética un lado dañino. Y todos hemos perjudicado a inocentes, unos a unas víctimas y otros a otras, unos de una manera y otros de otra. Por eso, a unos les disgusta más cuando se saca a la superficie ciertos atropellos y a otros les sucede con otros diferentes.

Pero ese desagrado que se sufre puede ser el primer paso para

el proceso de curación, siempre y cuando se tenga la buena voluntad de mejorarse como persona, ya que todos o casi todos tenemos también de forma innata un lado bueno que nos dice lo que es justo y lo que está mal.

Por tanto, seamos combativos y denunciemos públicamente los abusos, los cometa quien lo cometa. No callemos ni hagamos eclipsar la verdad, ni siquiera en aras a la paz social o a no incomodar a los demás. La ética está incluso por encima de las relaciones. Recordemos el lema de las manifestaciones antirracistas en Estados Unidos:

“No justice, no peace”

Gracias por compartir para conseguir un mundo mejor, con menos injusticias.

 Xavier Paya 

¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.


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