¡EVITEMOS DAÑOS!: HABLEMOS ALTO Y CLARO FRENTE A LA INJUSTICIA

Para construir un mundo mejor que en vivir no se pueden esconder los abusos debajo de la alfombra como si nada sucediese y centrarnos en los intereses egoístas nuestros, de nuestros seres queridos (que son como extensión de nosotros) y en el mejor de los casos de los grupos con los que nos identificamos.

Por el contrario, es necesario sacar a la luz esos atropellos, hablar de ellos, convencer a los victimizadores de que dejen de cometerlos y al resto que posicione en contra. Es cuando se hace eso que las cosas empiezan a cambiar.

Por tanto, no callemos, sino que hablemos alto y claro contra cualquier atropello, sobre todo si son de tamaño grande o mediano.

Lo propio de una persona recta es denunciar la injusticia y luchar contra ella hasta erradicarla. La actitud laxa, buenista, tibia o indiferente con los atropellos son el mejor caldo de cultivo para que se perpetúen, mientras que la actitud combativa hacia ellos son el principio de su fin.

Demasiada gente ha callado durante demasiado tiempo sobre demasiadas injusticias. Por tanto, es hora de hablar, a pesar de 2 obstáculos que pueden desincentivarnos a hacerlo:

  • El miedo a salirnos de lo política, social y religiosamente correcto.
  • El miedo a molestar a los demás.

NO QUERAMOS SER TAN POLÍTICA, SOCIAL Y RELIGIOSAMENTE CORRECTOS

En ciertos entornos sociales puede estar mal visto la actitud crítica hacia ciertos abusos, a causa de pautas sociales tóxicas como las siguientes:

  • El tradicionalismo que rechaza el cuestionamiento del orden establecido, por injusto que sea.
  • El espíritu gregario que no gusta que se critiquen los agravios cometidos por el propio grupo, pero al que le encanta que se exageren los de grupos adversarios.
  • El efecto rebaño que no ve con buenos ojos a quien se sale del mismo, incluso aunque el primero se dirija a un precipicio y el segundo le aconseja que no lo haga.
  • La tiranía del pseudopositivismo según el cual hay que ser siempre positivo y nunca negativo, tampoco con los agravios.

¡PERO LA JUSTICIA ESTÁ POR ENCIMA DE TODAS ESAS MEDIOCRIDADES! Por tanto, pasémonoslas por el forro o incluso por otro lugar si nos apetece.

NO TEMAMOS MOLESTAR AL HABLAR DE ATROPELLOS

Otro obstáculo que a veces nos lleva a callar es el miedo a molestar y sobre todo a las consecuencias negativas que ello puede tener para nosotros, como que se posicionen en nuestra contra o que afecte a nuestras relaciones.

Pero, pensémoslo bien: ¿a quién puede molestar de verdad que se saque a relucir una injusticia? Imaginemos que estamos en un juicio en que hay mucha gente. De todos los presentes, ¿a quien puede desagradar que se presenten afirmaciones y pruebas sobre el crimen?

Muy sencillo: a los criminales y los cómplices de la fechoría. Estos siempre están interesados en que sus villanías no salgan a la luz, que no se hable de ello y mucho menos se denuncie, juzgue y condene.

Pero, ¿tienen que callar la víctima, su abogado, el fiscal y los testigos para no molestar a aquéllos? Sería absurdo, ¿verdad?

Pues no tengamos nosotros tampoco esa actitud absurda y coadyuvante, sino una recta, íntegra, noble y valiente.

Porque el problema nunca es el que se alza contra el abuso, lo combate y quiere terminar con él. El problema son los atropellos, quienes los cometen y sus cómplices, incluyendo a aquellos que querrían hacer callar a los que hablan y se oponen a esas injusticias.

Por poner un ejemplo, el mal nunca son los activistas pro derechos humanos que luchan contra violaciones de los mismos en ciertas dictaduras, sino las autoridades que los quieren hacer callar, incluso mediante tortura, prisión y asesinato.

NO TEMAMOS HABLAR ALTO Y CLARO

En asuntos de justicia se dicen las cosas claras. Es mejor hacerlo de manera asertiva, pero tampoco es obligatorio, siempre y cuando se mantenga la corrección.

En estos temas procede hablar de forma directa, aunque pueda herir la sensibilidad de los victimizadores, ya sean en grado de autoría o de complicidad, con el lenguaje que se usa en un juicio.

En el mismo, el juez, los abogados, fiscales, partes y testigos no hablan con indirectas y mucho menos callan para no molestar, no minimizan ni edulcoran ni mucho menos tapan los hechos ni las pruebas, sino que estos se presentan tal como son. Pues para hacer justicia la base es decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, de la manera más objetiva posible.

Y al final el juez dicta sentencia de forma clara e inequívoca, sin ningún tipo de lenguaje diplomático o suavizante, intentando ser imparcial. Dice que se ha cometido un delito de asesinato, violación o secuestro y detalla los hechos y pruebas de dicho crimen. Punto.

Hagamos eso mismo. No callemos o hablemos en voz bajita con la cabeza gacha, sino claro y alto con la cabeza bien alta.

No nos quedemos pasivos con los brazos cruzados frente al abuso, sino que hagamos algo por dejar un mundo más feliz y justo del que nos hemos encontrado, aunque sea algo pequeño, algo a nuestro alcance, nuestro granito de arena, que si se junta con el que aporten los demás puede crear montañas y producir grandes cambios.

Gracias por compartir este mensaje si crees que hacerlo puede contribuir a un mundo mejor, con menos atropellos y sufrimientos,

 Xavier Paya 

¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

 

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.

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