¡NO DAÑEMOS!: EVITEMOS EL GREGARISMO DAÑINO

 

Un fuerte gregarismo, un espíritu de grupo que separe el mundo entre nosotros y los otros, puede causar mucho daño.

Es un rasgo que está en nuestra naturaleza y que compartimos con la especie más cercana a nosotros, los chimpancés. Es típico de los machos de estos homínidos que acechen en grupo en la frontera de su territorio con el de otra banda y cuando se acerca un individuo del grupo vecino lo matan a golpes.

En nuestra especie, el gregarismo se desarrolló sobre todo cuando hubo un aumento de la densidad población, generalmente en las aldeas agrícolas o tribus ganaderas del Neolítico, pero de forma más excepcional también en algunas bandas de recolectores-cazadores paleolíticos.

Una mayor densidad de población significó una reducción de los recursos per cápita y una mayor competencia por los mismos, canalizada a través de robos violentos de los mismos entre grupos. Por ello, a partir de cierto momento del Neolítico, en todos los continentes se generalizó la guerra endémica entre aldeas de campesinos para robarse sus tierras (y de paso también sus mujeres) y entre tribus de pastores para robarse el ganado y las fuentes de agua (y de paso también las mujeres). Eso se convirtió en norma y no en la excepción.

Esas luchas entre grupos podían llegar a ser muy violentas. De hecho, los pastores yamnaya que vivían en el sur de Rusia y Ucrania no sólo llegaron a dominar desde Irlanda hasta el norte de la India (de ahí que impusiesen el idioma proto-indoeuropeo en casi toda Europa y parte de Asia, que seguimos hablando en la actualidad en las variantes latinas, germánicas, eslavas, etc.), sino que en buena parte de Europa básicamente reemplazaron el ADN masculino.

 

 

No hay pruebas de cómo sucedió exactamente, pero es bastante probable que la causa fuese el genocidio gradual de los hombres y la violación sistemática de las mujeres, tanto de los campesinos europeos procedentes de Anatolia como de los recolectores-cazadores autóctonos de Europa.

Para sobrevivir en un mundo tan agresivo, defendiéndose y expoliando con éxito a otros colectivos humanos, fue necesaria la formación de grupos cada vez más grandes, mejor cohesionados, primero sin un líder y luego bajo las órdenes de un cacique.

Se fueron haciendo cada vez más estratificados y complejos, pasando de los cacicazgos simples (reyezuelos de una sola aldea) a los cacicazgos complejos (reyezuelos de varias aldeas), reyes (de territorios más grandes, resultado de la conquista o unión de los cacicazgos) y emperadores (de vastos imperios, resultado básicamente de la conquista de múltiples reinos y cacicazgos).

Con esa evolución aparecieron nuevas formas de expoliar a los grupos vecinos: la esclavitud y la servitud, de manera que en vez de exterminar a los hombres o expulsarlos de las tierras los obligaban a trabajar gratuitamente para ellos, lo que permitía un aumento de los recursos y el estilo de vida cada vez más suntuario de reyes, aristócratas y clero.

En ese mundo regido por la ley del más fuerte (hasta hace relativamente poco) para poder estar entre los ganadores-dominadores-abusadores y evitar estar entre los perdedores-dominados-abusados necesitaban tener éxito en las guerras de conquista. Y para ello debían actuar todos a una, por lo que se fue desarrollando gradualmente la cohesión de grupo. Y también rituales, tradiciones y religiones cada vez más complejos que unificasen al colectivo frente al individuo, así como una creciente presión para que éste se ajustase al mismo y se fundiese en él.

Todo ello fue ocasionando una selección genética en favor del gregarismo. Y todo ese proceso fue acompañado del desarrollo de mecanismos mentales tóxicos como los siguientes:

1. La desempatización para poder practicar semejante crueldad, maltrato y abuso hacia otros grupos, como verlos diferentes, a menudo inferiores, incluso como objetos que se pueden robar y explotar en beneficio del propio colectivo manteniendo una cierta indiferencia emocional.

2. La creciente necesidad de pertenencia a una comunidad doctrinal y de interiorización del conjunto de sus normas, dogmas y prohibiciones, por irracionales o abusivos que fuesen, así como de participar en sus ceremonias, festividades, celebraciones y ritos.

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3. La doble vara de medir en cuanto a atropellos intergrupales:

  • Complicidad con los cometidos por el propio grupo, justificándolos, relativizándolos, disminuyéndolos, no reconociéndolos o mirando hacia otro lado.

¡NO DAÑEMOS!: No seamos cómplices ni coadyuvantes de la injusticia

  • A la vez que maximizando los agravios ocasionados a ellos por otros grupos, poniendo el grito en el cielo por los mismos y adoptando una actitud victimista.

Todo ello es la base genética y de psicología de grupo de los numerosos conflictos de tipo etno-religioso, etno-lingüistico y nacionalista que ha habido a lo largo de la historia, con genocidios, masacres, limpiezas étnicas, violaciones masivas de derechos humanos y atrocidades que ponen los pelos de punta. El genocidio nazi es sólo el más conocido, pero hay muchos más, y algunos más crueles.

¡NO DAÑEMOS!: Concienciemos de los daños causador por el racismo, etnicismo y nacionalismo

La buena noticia es que existe un antídoto contra todo ello: ser más abierto y universal… leer más en…

¡NO DAÑEMOS!: Seamos abiertos

Gracias por compartir este manantial de informaciones para evitar daños,

Gracias,

Xavier Paya 

¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

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