¡EVITEMOS DAÑOS!: DESHAGAMOS EL ADOCTRINAMIENTO IDENTITARIO QUE NOS ALEJA DE LOS DEMÁS

El gregarismo tóxico ha causado muchos sufrimientos a lo largo de la historia, y los sigue causando…leer más. Va unido siempre a una doctrina que, entre otras cosas:

1.- NOS DICE QUIÉNES SON LOS NUESTROS Y QUIÉNES NO, estableciendo un perímetro separador para definirlo. Se da incluso la paradoja de que el nacionalismo esencialista excluye a la mayor parte de seres humanos y no humanos vivos, pero incluye a muertos y no nacidos, a las generaciones anteriores, incluso de hace miles de años, y a la descendencia futura, a pesar de que no los conocemos.

2.- Acostumbra engañarnos con la idea de que los que formamos parte de esa comunidad TENEMOS MUCHO EN COMÚN Y NOS DIFERENCIAMOS DE OTRAS. Sin embargo, la realidad es que suele haber una gran variedad de personas dentro de cada colectivo nacional, étnico, religioso, etc. y, además, gran similitud entre miembros concretos de ese grupo e individuos concretos de otros grupos.

3.- NOS INCULCA QUÉ ES NUESTRA CULTURA Y QUÉ NO, cuál es nuestra literatura o gastronomía y cuál no, cuáles son nuestras tradiciones y cuáles no, etc. Todo ello a pesar de que la autoría de cada creación pertenece sólo a su creador y el derecho a disfrutar de la misma a toda la humanidad.

4.- A menudo incluye un orgullo y SOBREVALORACIÓN NARCISISTA DEL PROPIO GRUPO (como decir que “somos una gran nación”) y, en ocasiones, chauvisnismo e incluso supremacismo. Era el caso del nazismo, que consideraba que los alemanes y austríacos, de raza aria, eran superiores a casi todos los demás, especialmente a los eslavos. Ello era incongruente, ya que en buena parte de Alemania, de Hamburgo hacia el este los habitantes en gran medida son eslavos germanizados en la Edad Media. Incluso el nombre de la capital alemana, Berlín, es de origen eslavo. Y Viena, la capital de la Austria en que nació Hitler, estaba poblada en buena medida por habitantes de origen eslavo. 

5.- Tiende a IDEALIZAR EL PASADO DE LA TRIBU, por muchos crímenes y horrores que haya cometido a lo largo de la historia. Leer: ¡EVITEMOS DAÑOS!: Reparemos los daños históricos…

6.- Tiende a ensalzar y GLORIFICAR ICONOS de su comunidad, por muy villanos que sean. Leer más… 

7.- A veces establece ENEMIGOS externos, internos o ambos al mismo tiempo, como los indios con los pakistanís y viceversa, los musulmanes con los judíos, los serbios con los croatas y viceversa, catalanes con españoles y al revés, etc. A veces también nos dice quiénes son nuestros grupos aliados o emparentados.

8.- Nos enseña el trato a dar a otros grupos: si los podemos esclavizar o no, robar, expoliar, conquistar, maltratar, etc.

9.- En ocasiones incluso qué sentir: desprecio, odio, simpatía, etc.

Por ejemplo, las doctrinas nacionales nos suelen inculcar que los que han nacido dentro de ciertas fronteras físicas son los nuestros. Ello a pesar de que se trata de millones de personas que no conocemos y a parte de las cuales preferiríamos no conocerlas nunca.

En cambio, resulta que si hay alguien a 30 metros de esa frontera con quien me llevo de maravilla, conectamos mucho, somos muy parecidos de carácter y forma de pensar, a pesar de todo ello la doctrina grupal me dice que no es de los “míos”, que es diferente a “nosotros”, que no forma parte de mi grupo. Todo ello aunque se parezca mucho más a mí y con quien tenga mucha más afinidad que otros con que supuestamente son de los “míos” pero a los que no conozco de nada o con quienes no me llevo bien.

Y lo mismo sucede con otro tipo de perímetros, como la pertenencia a una religión, una ideología o el uso de un idioma.

El tema es que ese adoctrinamiento suele tener lugar desde que somos niños, época en la que somos especialmente crédulos y “programables”, por lo que suele quedarse grabado como un software en un ordenador y es difícil que de adultos nos lo cuestionemos.

Pero, ¿no sería más lógico que cada cual elija libremente, sin lavados de cerebro, con quién quiere identificarse?

Yo he decidido librarme de comeduras de coco y tomar el control de mi propia mente. En mi familia mamé el españolismo de mi padre y en el colegio el catalanismo. En adolescencia y juventud fui muy nacionalista catalán, incluso supremacista. Ahora miro hacia atrás y me avergüenzo de ello. ¿Cómo podía ser yo así?

Al ver todos los daños que han causado los nacionalismos, he evolucionado y desconfío de ellos. Y ahora me identifico con quienes son razonablemente buenas personas, ya sean vecinos míos o de Nueva Zelanda, justo en las antípodas de donde he nacido y vivo.

Mi patria está compuesta por los bastante justos y honestos, sean de Europa o de otros continentes.  Y mi nación es la de los que de no causan demasiados daños a los demás y que, cuando les intento convencer de que no los hagan, me escuchan porque una parte de ellos sabe que no es ético, vengan de donde vengan.

¿Te animas tú también a abrirte y a elegir tu identidad libre de los condicionamientos de la educación?

Gracias por compartir si consideras que este análisis puede ayudar a un mundo mejor,