¡NO ROBEMOS!: Generemos riqueza de forma honrada

Una buena forma de evitar daños es el desarrollo económico de los países, porque suele ir acompañado con el avance cultural, social, político y ético. Existe una relación causa-efecto entre lo primero y lo segundo similar a la lluvia con el crecimiento de las plantas.

A lo largo de los últimos siglos hemos visto como, por norma general, el aumento de la renta per cápita ha ido aparejado con sociedades más justas y felices en que vivir. Casi todos los países ricos tienen democracias liberales de alta o bastante alta calidad con estados de derecho que protegen los derechos humanos y civiles de sus ciudadanos. Suelen ser los más civilizados y los que lideran los rankings de felicidad.

En cambio, los países de tercer y sobre todo del cuarto mundo sufren muchas crueldades, injusticias y violaciones de derechos. Y, relacionado con todo ello, suelen tener niveles de felicidad más bajos. Acostumbran sufrir menos estrés porque se toman la vida de una manera más tranquila y pasiva, pero a cambio están menos satisfechos con sus vidas porque no han creado las condiciones favorables para florecer.

Y es que la riqueza no se genera sola, sino que lo hace el conjunto de individuos que componen una sociedad a través del trabajo, así como del ahorro y el empleo del mismo en inversiones rentables. Y también de la formación, el emprendimiento, la innovación, la productividad, la mejora continuada y la competitividad, es decir, ofreciendo una buena relación calidad-precio. Todos ellos son los ingredientes que si metemos en la cacerola y los mezclamos darán un excelente guiso.

Por tanto, es bueno que cada uno de nosotros, en la medida en que podamos, contribuyamos al desarrollo económico. Cuanto mayor porcentaje de gente tira del carro en un país, y con más fuerza, más aumenta el poder adquisitivo. Y mejor suele ser la educación, la sanidad, la ayudas para lo que no pueden valerse por sí mismos, etc. Y cuantas más personas se tumban en dicho carro simplemente a mirar cómo otros tiran del mismo, más pobreza hay.

Básicamente hay 3 maneras de conseguir riqueza: generarla con nuestro propio esfuerzo, recibirla como regalo voluntario de alguien o quitársela a alguien, ya sea directamente o indirectamente a través del Estado o de otro medio. Las dos primeras son honestas, pero la tercera no.

Generemos riqueza de manera honrada, con el sudor de nuestra propia frente no y con el sudor ajeno y contra de su voluntad.

Mejor seamos hormiguitas (dentro de un equilibrio que nos haga felices) que cigarras y sobre todo que garrapatas parasitarias. Si podemos valernos por nosotros mismos, asumamos nuestra responsabilidad, seamos proactivos, aportemos y contribuyamos en vez de esperar que los demás o el Estado nos solucionen la vida.

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Quien algo quiere algo cuesta. Por ello fomentemos la cultura del esfuerzo (que es diferente de la del sobre-esfuerzo). Utilicemos nuestros talentos, cada cual tiene los suyos, para crear empresas, ciencia, tecnología, arte, ONGs, etc. Usar nuestras capacidades innatas, además, nos aporta autorrealización y bienestar.

Sustituyamos la visión egoísta, cortoplacista y en forma de túnel del “YO YA”, es decir, que me den a mi (y a mis seres queridos como extensiones de mí mismo) en el inmediato plazo, a costa de quitarlo a otros, por una visión más amplia, a medio y largo plazo y que incluya a los demás. Seamos capaces de sacrificar una parte del presente para tener un futuro mejor, tanto para nosotros y nuestros seres queridos como para el conjunto de la sociedad.

No votemos a los partidos clientelares que expolien a otros para que nos den pequeños privilegios económicos a corto plazo, pero que con ello dañarán la economía a medio y largo plazo y por tanto el poder adquisitivo nuestro y de todos. Porque los sueldos, pensiones y otras prestaciones públicas dependen de la renta per cápita que hay en cada país. Por eso en Suiza son mucho más altos que en Burundi.

En consecuencia, mejor elijamos a partidos desarrollistas orientados al progreso económico, de la renta per cápita y de los diferentes ámbitos de un país. Mejor extender las velas que tirar el ancla.

Algunos predican el decrecimiento económico, pero ya sabemos lo que ha sucedido en los países que han ido a menos, como Venezuela, en los que millones de personas se ven obligadas a huir de una existencia miserable para alcanzar una vida mejor en los países que se sí se desarrollan.

Hagamos que cada generación sea más próspera y avanzada en todos los aspectos que la anterior. Subamos siempre un peldaño más. Gracias a esa filosofía mis ancestros y los de casi todos los europeos y occidentales en general, campesinos que vivían en la extrema pobreza, han dejado tras de sí generaciones cada vez más prósperas, formadas, sanas, felices y civilizadas.

A nivel de política económica, fomentemos los factores que favorecen el crecimiento de la renta per cápita: una razonable libertad económica, la educación, emprendimiento, innovación, digitalización y automatización. También la inversión productiva frente al gasto y el consumo y premiar a quien más genera y aporta a la sociedad.

En los países con una alta esperanza de vida y por tanto mucha población envejecida, no pretendamos que los jubilados cobren pensiones públicas por encima de lo cotizado a costa de expoliar a las generaciones más jóvenes. Ni de dañar la economía hasta el punto del estancamiento o incluso decadencia económica, como sucede en Japón, Italia o España. En vez de ello, aumentemos la edad de jubilación, salvo para los que ya no estén en condiciones de trabajar. En el sistema sanitario demos prioridad a la calidad sobre la cantidad de vida, lo que además mejorará la felicidad de la gente.

Transmitamos los valores primermundistas a las siguientes generaciones, en la familia y los colegios, y hagamos pedagogía de ellos entre adultos. Porque cuanto mayor es el porcentaje de habitantes con esa mentalidad, más rico y avanzado es un país, y viceversa. Una sociedad es un campo en el que conviene haya el máximo número de árboles esplendorosos cargados de frutas y los mínimos estériles.

Por ello sería bueno transmitir esas actitudes especialmente en el tercer y cuarto mundo. Los países desarrollados los son en general (con la excepción de unos pocos que tienen muchos recursos naturales) por su capital humano, porque tienen habitantes que han trabajado (a veces mucho), ahorrado, invertido, emprendido, inventado, innovado, etc. Si en otros países la mayoría de sus ciudadanos adquieren ese mismo modus operandi y pensandi también progresarán.

De hecho, lo harán tanto como lo hicieron los emigrantes que fueron a Estados Unidos comenzando desde cero, como Gran Bretaña con su Revolución Industrial o como la Alemania pobre de principios de siglo XIX que pasó a ser la primera potencia industrial a finales del mismo. O como Suiza, Japón, Singapur o Corea del Sur, que, en tan sólo una generación, pasaron de ser muy pobres a ricos. Todos ellos sin ayudas y algunos sin recursos naturales, sino a base de su propio esfuerzo.

Aprendamos de China, que era un país muy pobre hasta que su Presidente Deng Xiao Ping proclamó «¡Enriquecerse es divino!». Y su pueblo le hizo caso, siguiendo el camino que hemos explicado que lleva a ello y como consecuencia en pocas décadas ¡SU PIB SE HA MULTIPLICADO POR 10! Multipliquemos y sumemos. Nunca restemos.

La solución de la pobreza en el tercer y cuarto mundo no es tanto la ayuda al desarrollo o la emigración de sus habitantes hacia el primer mundo como la mejora de su pro-actividad y pro-ductividad. La ayuda ayuda, valga la redundancia, pero no suple lo principal: ponerse manos a la obra o, para para entendernos mejor y explicado de forma vulgar, mover el culo suficientemente, tanto como lo ha hecho la mayor parte de gente en los países industrializados.

Cuanta más mentalidad generadora tengamos, mejor será para nosotros mismos, nuestros hijos y el conjunto de la sociedad y el mundo.

Gracias por compartir si crees que la difusión de estas ideas contribuirá a un mundo más próspero, avanzado en todos los aspectos, feliz y civilizado en que vivir,

 Xavier Paya 

Iniciativa ¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.

 

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