¡NO ROBEMOS!: BUSQUEMOS UN EQUILIBRIO NO ABUSIVO ENTRE RESPONSABILIDAD Y SOLIDARIDAD


Una manera de perjudicar a los demás es sobrecargarlos injustamente y aprovecharnos de ellos. Y con eso me refiero a obligarles a solucionar la vida, en parte o en su totalidad, de personas que en realidad pueden valerse por sí mismas pero que no quieren asumir su responsabilidad personal.

De ese modo, nos encontramos, por un lado, con cigarras poco esforzadas que se toman la vida con calma, algunas de ellas aplicando la ley del mínimo esfuerzo. Y, por otro, con hormigas afanosas, algunas de las cuales con la ley del máximo esfuerzo. Y en medio, un elenco de animalitos intermedios.

Las hormigas laboriosas ya de por sí tienen una mayor tendencia a vivir cansadas (a veces agotadas) y estresadas (a veces hasta el punto de quemarse). Disfrutan de menos tiempo para sí mismas y sus familias y aguantan un exceso de carga sobre sus hombros, como para que encima se las sobrecargue más exigiéndoles que asuman también la responsabilidad de las cigarras, con el argumento de deben ser solidarias.

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Ello es una gran injusticia (por mucho que algunos manipulen y den la vuelta a la tortilla llamándola justicia social), que se resuelve buscando un equilibrio entre responsabilidad individual y solidaridad.

Todo individuo que pueda valerse por sí mismo es responsable de su vida y de las personas a su cargo. Por tanto, le corresponde a él luchar por hacer realidad sus deseos personales, con su propio sudor y no con el sacrificio ajeno. Y puede conseguir mucho si se lo propone, porque a menudo querer es poder. Los psicólogos lo llaman autoeficacia y han demostrado que los que creen que pueden acaban alcanzando más.



No esperemos que los demás o el Estado nos solucionen la vida, sino que mejor hagamos lo que esté en nuestras manos por hacerlo nosotros mismos y por contribuir a un mundo mejor. El sentido de la responsabilidad individual incluye ser resolutivo, tener iniciativa, proactividad, la cultura del trabajo (diferente del exceso de trabajo), del esfuerzo (diferente del sobre-esfuerzo) y el emprendimiento.

Cuando alguien no puede valerse por sí mismo debido a la edad o impedimento físico o psicológico, ahí es cuando conviene que se active el mecanismo de la solidaridad. Que cada palo aguante su propia vela en la medida en que pueda aguantarla. Si no es posible porque se ha roto o es demasiado débil, entonces sí, que pida ayuda a los demás.

A todos nos corresponde tirar del carro y aportar, salvo que no podamos. Lo justo es que los servicios públicos y el estado bienestar sean mantenidos por todos los que están en condiciones de aportar. En vez de aprovecharnos de los otros, asumamos nuestras responsabilidades y además prestemos algún tipo de ayuda a los que no pueden ayudarse a sí mismos.

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A los colectivos de los que formemos parte demos nuestra contribución justa y no intentemos recibir de ellos más de lo que en justicia nos corresponde.

De hecho, los países donde hay un fuerte sentido de la responsabilidad, como los del norte de Europa, los anglosajones o algunos asiáticos como Japón, Corea o Singapur, suelen ser los que tienen las rentas per cápita más elevadas. Y son también a los que quieren emigrar millones de personas del resto de países, con menor cultura de la responsabilidad y por tanto menos funcionales.

Y de los primeros, aquellos que consiguen un equilibrio entre responsabilidad y solidaridad suelen ser los que ocupan las posiciones más altas en los rankings sobre felicidad, con los países nórdicos a la cabeza.

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Y para terminar, recordemos la famosa frase de Kennedy:

“No preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país.”

Gracias por compartir si crees que estas ideas pueden contribuir a un mundo más justo, funcional y feliz,

 Xavier Paya 

¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.

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