REPAREMOS LOS DAÑOS CAUSADOS

Reparemos los daños causados

Cuando alguien causa un daño (físico, económico, moral, etc.) que no es en legítima defensa lo justo es repararlo. Y preferiblemente todo ello de forma voluntaria, acompañado de arrepentimiento y pidiendo perdón de forma sincera. Pero cuando no se da lo anterior, lo recto es obligar al agresor a indemnizar. Un jarrón roto permanece incompleto hasta que no se recompone y lo mismo sucede con una situación de abuso.

¡QUIEN LA HACE, LA REPARA!

La compensación básicamente puede ser básicamente de 2 maneras:

  1. Económica.
  2. Horas de trabajo, para la víctima, para una empresa privada o ente público que a su vez compense de manera económica al damnificado o a quien éste decida (por ejemplo ONGs dedicadas a evitar el tipo de agresión que ha padecido la víctima).

Lo justo es reparar siempre y de forma plena.

SIEMPRE significa SIEMPRE, a diferencia de lo que sucede en bastantes casos y lugares, en que hay toda una casuística de impunidad. SIEMPRE incluye cuando el victimizador es insolvente, en cuyo caso puede compensar con horas de trabajo. También los agravios de tipo pequeño, como los hurtos no cuantiosos, o cuando el abusador recurre a triquiñuelas como cometer fechorías mediante una sociedad mercantil que luego disuelve para seguir operando con otra razón social para, por ejemplo, no pagar a sus acreedores. En algunos países como Estados Unidos o Alemania se hace responder a la nueva sociedad o a los socios, pero en otros, como España, no es el caso.

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Por otro lado, el daño se repara siempre que éste haya sido intencionado (el agresor sabía que estaba causando un daño), pero también en las situaciones en que no estaba claro si su conducta podría causar daño o no pero aquél no ha tenido interés en averiguarlo por desidia, indiferencia, negligencia e intereses egoístas. En cambio, no hace falta compensación cuando se ha actuado de buena fe, es decir, si era prácticamente imposible saber que estaba causando un daño, como si abrazamos a alguien afectuosamente y resulta que le hacemos mucho daño a alguien porque tiene una lesión grave en el hombro que desconocíamos.

DE FORMA PLENA quiere decir resarcir hasta el punto en que al agraviado le compense haber recibido primero el daño y luego a indemnización, llenado la jarra hasta que empiece a desbordarse. Por ejemplo, si violan a una mujer, la reparación justa es aquella con la que ésta llegue a decir: -Me ha compensado que me violasen.

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Y en los casos en que no sea posible la compensación al 100%, lo justo es conseguir el máximo porcentaje que se pueda.

¿Y si la víctima está muerta? Lo lógico es que la reparación sea en beneficio de aquellos a quien aquélla habría deseado. Como no es fácil averiguar esa voluntad, se puede partir de la presunción de que la agraviada habría querido dejar la indemnización a sus herederos, aunque también podría ser que hubiese preferido dar toda o parte de ella a una organización o causa, por ejemplo para luchar contra el atropello de que fue víctima. Ese tipo de valoraciones corresponden en cada caso a cada damnificador que quiera reparar el daño de forma voluntaria o a cada juez que lo establezca de forma obligatoria. 

Así, por ejemplo, los daños que hemos causado a las decenas de miles de animales no humanos de granja y piscifactoría que hemos consumido a lo largo de nuestra vida podemos repararlos luchando contra la victimización de dichos animales. Esa habría sido probablemente la voluntad de las víctimas.

A los padres les corresponde asumir la responsabilidad por los daños causados por sus hijos menores de edad y a los titulares de mascotas los perjuicios generados por éstas.

También es justo que los políticos y funcionarios reparen los daños (incluyendo los morales) que causen a ciudadanos concretos o al conjunto de la sociedad en casos de prevaricación, corrupción, malversación, condenas sin pruebas suficientes o malgasto debido a intereses egoístas. Si causan daño actuando de buena fe, es justo que resarza el Estado, pero cuando no es así, no corresponde a los contribuyentes asumir esa indemnización, sino al abusador, con su propio bolsillo y, si es necesario, con horas de trabajo.

Es justo también que el Estado pague al ciudadano que gane litigios las costas judiciales asumidas por éste, así como los daños morales causados por el primero.

Para vivir en una sociedad justa es necesario evitar la impunidad, la cual es el caldo de cultivo perfecto para que se perpetúen los abusos. De hecho, los expertos en criminología afirman que la mejor manera de mantener la ley y el orden en una sociedad es intentar ser lo más justo posible.

Pero, desgraciadamente todo lo anterior es un ideal de justicia que no se corresponde con lo real, al menos en muchos países.

Si quieres hacerlo realidad y conseguir un mundo más justo, te animo a que lo compartas estos mensajes.

Gracias,

 Xavier Paya 

Iniciativa ¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.

 

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