¡NO DAÑEMOS!: NO SIGAMOS AL REBAÑO PARA DAÑAR

 En los genes humanos está seguir a su rebaño de la misma manera que las cebras siguen a su manada. Así como éstas tienen la ventaja de que padecen muchas menos probabilidades de ser comidas por los leones que las que van por libre, en el ser humano ello también tuvo beneficios.

El más importante fue que una mayor cohesión y unidireccionalidad ayudaban a cazar en grupo y, sobre todo, posteriormente, cuando aumentó la densidad de población y por tanto disminuyeron los recursos per cápita, permitía atacar a otras tribus para robarles sus recursos y sus mujeres. Los que así lo hicieron dejaron más genes, por lo que no es de extrañar que esté tan extendido el efecto rebaño.

No obstante, tiene el inconveniente de que si la manada comete abusos o incluso atrocidades, el gen del borreguismo nos impulsa a participar en los mismos, ya que “donde va la gente va Vicente”, vaya adonde vaya. Por tanto, el seguidismo incondicional puede ser enormemente dañino y causar que al final acabemos perdiendo todos, como ha sucedido constantemente a lo largo de la historia.

Como no es necesario robar recursos a los demás si los generamos con nuestro esfuerzo y evitamos una sobrepoblación excesiva, el rebañismo tóxico tiene muchos más inconvenientes que ventajas.

Suele conllevar un orden establecido mediocre en que hay una multitud de normas absurdas, sobre todo las no escritas, a la par que lo básico (no hacer daño a los demás) no se cumple. Por ello, cuanto más espíritu de borrego y una mente estrecha tenemos más solemos juzgar injustamente por pequeñeces, como la forma de vestir, pero no condenar injusticias, incluso cuando son atroces.

Como no estamos determinados por nuestro ADN, mejor pasemos a un rebañismo selectivo por el que sigamos al grupo en lo bueno (o incluso en lo neutro, quien quiera), pero no en abusos y maldades.

Ello requiere desarrollar la capacidad de cuestionamiento del orden establecido (leer más sobre el cuestionamiento en El Secreto de Milene, Historias de Zan y Las Técnicas del Bienestar Personal).

Porque una cosa es la capacidad para aprenderse bien la doctrina del colectivo al que pertenecemos y otra muy diferente es la de dilucidar en qué medida esa doctrina es correcta, justa y conveniente o no lo es. Por ello, para dejar de ser un mero chupadoctrinas es necesario desarrollar la racionalidad y el espíritu crítico.

Tendemos a dar autoridad al rebaño, pero es un gran error, ya que la mayor parte de éste está compuesto por personas con un nivel de inteligencia y conocimiento medio y bajo, unos estándares éticos medios y bajos y un nivel de orientación a la excelencia medio y bajo. Y lo que es peor: posiblemente entre los líderes políticos y religiosos del rebaño los porcentajes de mediocridad sean todavía superiores que en el rebaño en general, pues para ascender dentro de los partidos políticos y organizaciones religiosas se requiere con cierta frecuencia un espíritu sumiso, seguidista, pelota, lacayo e incluso secuaz. En algunos lugares, como Suecia, no suele ser así, pero en la mayor parte de países sí.

No demos autoridad al rebaño ni lo sigamos sin más como bobos, vaya adonde vaya, sino que mejor hagamos algo para dirigirlo hacia la mejora e incluso la excelencia. Y convenzamos a más gente de que haga lo mismo.

El rebaño no merece credibilidad porque ha demostrado en demasiadas ocasiones carecer de luces en la cabeza. Por ejemplo, la manada estaba entusiasmada con el inicio de la Primera Guerra Mundial, concentrándose mucha gente en las plazas para aclamar con júbilo el inicio del conflicto, sobre todo en Alemania y Rusia. Al cabo de unos años, se cansó después de tantos muertos (20 millones) y heridos  (21 millones), destrucción, pobreza y tener que pasar hambre, dándose cuenta de que había sido un error. 

¿Te puedes creer que el rebaño aprendió la lección? ¡¡NOOO!!, porque al cabo de tan solo 2 décadas, las mismas generaciones iniciaron una Segunda Guerra Mundial, con todavía muchos más muertos (70-85 millones), sufrimientos y devastación. Parece que no pueda ser verdad, pero desgraciadamente lo es, ya que el rebaño es con cierta frecuencia desquiciado, dañino tanto con los demás como consigo mismo y mentalmente limitado, pues hay que ser muy estúpido para chocar 2 veces en esa misma piedra de tamaño tan enorme en tan poco tiempo.

No queramos ser tan “trendies”, sino más “cool”. No seamos tan de nuestro lugar y nuestra época, sino que estemos por encima de ello, siendo más atemporales y universales, guiándonos por lo que nos dicte nuestro sentido innato de la justicia y nuestra racionalidad.

Gracias por compartir si consideras que estas ideas contribuirán a una sociedad más evolucionada y justa,

 Xavier Paya 

Iniciativa ¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor

 

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