¡NO DAÑEMOS! TAMPOCO al colectivo LGTBI+

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En muchos países un colectivo especialmente victimizado es el LGTBI+, de forma absolutamente injusta porque no hace daño a nadie. Por eso queda todavía bastante camino por recorrer para evitar la crueldad hacia esta parte de la sociedad que representa como mínimo un 18% de la población (1.500 millones de personas). Estas cifras son según lo que en un estudio sociológico de Ipsos declaran los más jóvenes, que son los que menos vergüenza tienen de decir lo que sienten sobre este tema. Es más, según una una encuesta del PRRI, el 28% de estadounidenses adultos de la generación Z (18-25 años) se identifican como LGTBI+.

Algunos tipos de maldades infligidas a estas personas inocentes, especialmente en ambientes musulmanes o cristianos tradicionalistas (a diferencia de los secularizados o religiosos de tipo liberal y tolerante), son agresiones físicas, verbales o psicológicas, prisión, pérdida de empleo, rechazo por los amigos y estigmatización social. También lo son el bullying (por ejemplo, en los EUA un 89% de los transgénero lo han sufrido), el destrozo de su reputación, el expolio de su dignidad y la expulsión de adolescentes de sus casas por sus familias. Es decir, una mazazo psicológico detrás de otro.

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Ya no los queman vivos como antes en los países cristianos, pero en Irán los ahorcan, en Arabia Saudí los decapitan y en Irak y Siria el Estado Islámico hace pocos años los tiraban vivos desde lo alto de edificios mientras el pueblo contemplaba el espectáculo. Y a bastantes fundamentalistas les encantaría volver a hacerlo. 

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Hoy en día ya no se suelen usar con ellos los aparatos de tormento de la Santa Inquisición, como la Cuna de Judas o la Pera de la angustia, pero en algunos lugares todavía los torturan.

Actualmente no les cortan los genitales para a continuación arrastrarlos por las calles de forma humillante ante la mirada de la gente, como en la Europa Medieval. No obstante, se les sigue denigrando en muchos lugares, llamándoles depravados (como hace el Catecismo católico), abyectos, pecadores, inmorales, inferiores, deshechos humanos, antinaturales, impíos, insanos, etc.

Y se les asocia de forma manipuladora y difamadora con la maldad, como hacía el Papa Juan Pablo II, que afirmaba que el movimiento a favor de los derechos del colectivo LGTBI+ es una ideología del mal. Se trata de un discurso del odio que va esparciendo los virus de la malignidad urbi et orbe.

Ya no se les introducen una varilla de hierro en el pene y obligan a caminar desnudos por las calles de forma degradante, como hacía Justiniano en el Imperio Bizantino, pero en bastantes lugares si se descubre que eres gay o lesbiana tu vida ha quedado destruida, pasando a la categoría de paria social. De hecho, lo pierdes prácticamente todo: familia, amigos, trabajo, reputación, dignidad, etc., sufriendo además una hostilidad generalizada.

A todo lo anterior hay que añadir importantes daños psicológicos causados por ese ambiente tan tóxico y la educación (¿o habría que decir mala educación?) recibida: desvalorización como personas, dinamitación de la autoestima, sentimientos de culpa, vergüenza, soledad, ansiedad, estrés, depresión, problemas de salud, etc.

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No es de extrañar que los porcentajes de personas LGTBI+ que se suicidan, lo intentan o lo desean sean tan altos.

Por ejemplo, un 30% de los adolescentes LGTBI de Estados Unidos ha intentado suicidarse. Y en 2021 un 45% ha considerado seriamente intentar suicidarse en el último año. En los transgénero ese porcentaje se eleva al 60%. Y en los ambientes cristianos o musulmanes conservadores, como por ejemplo en las zonas rurales de la América Profunda, todos esos porcentajes suben.

Y eso que este país figura entre el pelotón de los modernos y secularizados. En países más atrasados no hay estadísticas, pero probablemente los porcentajes sean mucho mayores.

El sufrimiento es especialmente grande entre los que son rechazados por sus familias en la adolescencia, ya que, según la San Francisco State University, tienen más de 8 veces más probabilidades de intentar el suicidio, más de 6 veces más posibilidades de tener altos niveles de depresión y más de 3 veces de consumir drogas y de riesgo de VIH.

El problema no son esas personas inocentes, sino las sociedades desquiciadas y desquiciantes que han creado religiones y culturas venenosas, injustamente irrespetuosas hacia las primeras.

Cada cual tiene la orientación/es sexual/es e identidad de género que tiene. Como todo ello es inocuo, es totalmente respetable. Para autorrealizarse es bueno funcionar según la propia naturaleza, en un ambiente de libertad afectivo-sexual.

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Gracias por compartir para terminar de una vez por toda con esta lacra social,

 Xavier Paya 

Iniciativa ¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

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