¡NO DAÑEMOS!: Respetemos la muerte indolora de los demás

Una forma de dañar a los demás es impedirles morir sin dolor, es decir:

  • Bien sea una muerte natural normalmente como consecuencia de enfermedad en que pedimos que nos apliquen suficientes tratamientos paliativos para tener buena calidad de vida en nuestra última fase vital (aún a costa de vivir menos tiempo) y nos los deniegan.
  • O bien la muerte indolora voluntaria, o sea, cuando decidimos que ya no queremos vivir más a causa de sufrimientos, malestares o cansancio vital y nos prohíben la eutanasia o el suicidio asistido.

 

TRATAMIENTOS CONTRA EL DOLOR Y CUIDADOS PALIATIVOS

Seamos compasivos con los enfermos que padecen sufrimientos y piden tratamientos contra el dolor o cuidados paliativos para liberarse de su sufrimiento. Evitemos aplicar a los demás el dogma de que hay que saber llevar bien el dolor y aguantarse, bien sea por una mentalidad machista (es falta de hombría quejarse y no soportar estoicamente el sufrimiento), religiosa tradicionalista (consistente en ensalzar la mortificación, a imagen y semejanza de la cruz que tuvo que sufrir Jesucristo) o del tipo que sea.

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Usemos esos dogmas con nosotros si queremos, pero dejemos a los demás ser todo lo felices que puedan y quieran. El dolor es parte de la vida, pero quien quiera evitarlo tiene derecho a hacerlo en la medida en que la ciencia lo permita, incluso cuando ello tenga efectos secundarios o acorte la vida.

Es más, ¿convendría no dedicar tantísimo dinero a la investigación para aumentar la cantidad de vida y emplear más para aumentar la calidad de vida? ¿No es preferible menos tamaño pero más nivel? ¿Un río menos largo pero con más caudal?

Si queremos un mundo más feliz, es necesario invertir muchos recursos en neurología, neurociencia y la bioquímica del cerebro y el sistema nervioso para que algún día puedan descubrir remedios para tener el mínimo malestar y el máximo bienestar posibles. 

Leer más sobre ello en FELICIDAD MÁXIMA. 

En vez de promover tanto la sobrelongevidad artificial y el encarnizamiento terapéutico, ¿no sería mejor priorizar el bienestar y una vida digna? Afortunadamente en algunos pocos países, como España o Dinamarca, existe la posibilidad de hacer un testamento vital en que especifiquemos qué tratamientos queremos y cuáles rechazamos cuando el deterioro de nuestra salud sea irreversible y hayamos perdido la capacidad de tomar decisiones.

¡Ojalá algún día sea posible en todos los países!

 

EUTANASIA Y SUICIDIO ASISTIDO

Como somos libres, tenemos derecho a decidir cuándo ponemos punto final a nuestra vida y a que nos ayuden voluntariamente a hacerlo sin dolor y de forma digna, si hay alguien que quiera hacerlo. Lo justo es que sea suficiente con nuestra voluntad manifestada repetidamente (por ejemplo, 1 vez por semana) a lo largo de un tiempo razonable (por ejemplo, 6 meses). Porque la vida es como una serie de Netflix o televisión. Vamos pasando de capítulo en capítulo y de temporada en temporada. Pero en el momento en que nos cansamos de la serie tenemos derecho a apretar el botón del mando para cerrar la pantalla.

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Algunos, sobre todo personas de extrema derecha, quieren pisotear ese derecho inalienable por un dogmatismo de tipo religiosotradicionalista y autoritario. Pero, ¿quiénes son ellos para meterse en la vida de los demás, especialmente cuando están sufriendo? Mejor vivamos y dejemos vivir y seamos empáticos y compasivos, así como buenas personas.

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Leer ¡NO DAÑEMOS!: Seamos tolerantes

Ciertas personas argumentan que si nos suicidamos o pedimos la eutanasia hacemos daño a nuestros seres queridos. Pero en realidad es lo contrario, ya que el duelo por el que pasarán éstos no es consecuencia de un daño que les ha causado el difunto, sino de todo el bien y afecto que le ha dado a lo largo del tiempo. Y, por otro lado, los duelos son ley de vida. Del mismo modo que la gran mayoría tendremos que pasar tarde o temprano por la enfermedad, también tendremos que hacerlo por el duelo, tanto si se suicida algún ser querido como si no.

De hecho, yo tengo mis productos en casa que compré por Internet por si en algún momento decido que quiero morirme. Basta con beberme una la mezcla de los mismos, me dormiré y no despertaré. Voy redactando el libro de mi vida hasta que decida que ha llegado última página y escriba la frase final: Colorín colorado, este cuento se ha acabado. Porque cada cual tiene derecho a decidir sobre su vida y su muerte.

Si quieres más información sobre eutanasia, suicidio asistido y otras formas de muerte digna, puedes conseguir en ONGs que están haciendo un excelente trabajo, como Derecho a Morir Dignamente.

Por favor comparte sobre todo con conocidos que tengas de países donde no se reconocen estos derechos.

Gracias,

 Xavier Paya 

¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.

 

Leer más: sobre la gestión del dolor en “Las Técnicas del Bienestar Personal”.

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