OPONGÁMONOS AL IMPERIALISMO, MILITARISMO Y CULTO A LA VIOLENCIA

 

Hay bastante gente orgullosa de los antiguos imperios de sus “naciones” como los holandeses, españoles, franceses, portugueses, mongoles, italianos, árabes, turcos, iranís, etc.

Sin embargo, detrás de esa fachada de gloria, grandeza y poderío que tanto admiran los imperialistas y nacionalistas, se esconden grandes sufrimientos a inocentes:

  • Guerras muy sangrientas, con muchos muertos, amputados, heridos, huérfanos, madres que lloran la pérdida de sus hijos, víctimas traumatizadas…
  • Genocidios y masacres, como los mongoles en Asia, los musulmanes en India, los alemanes en Namibia, los japoneses en China y un largo etcétera.
  • Violaciones de mujeres y niñas, a menudo masivas. 
  • Torturas muy crueles y dolorosas.
  • Esclavitud, servitud o trabajos forzados.
  • Saqueos y destrucción de las viviendas, dejando a las familias sin techo, pueblos y ciudades arrasados.
  • Robo de tierras y riqueza, frecuentemente a gran escala.
  • Opresión y represión para generar miedo con el que conseguir la sumisión, obediencia y evitar rebeliones.

Algunos británicos creen que su imperio fue diferente a los demás, bastante benigno, porque ellos son más civilizados, pero nada más lejos de la realidad, tal como lo demuestran algunos ejemplos:

  • India: según algún estudio, el colonialismo británico causó al menos 100 millones de muertes en alrededor de 40 años. De acuerdo con otra investigación, el número de muertes ascendió a 165 millones entre 1880 y 1920. A lo que hay que añadir un gran expolio de riqueza.

Indios malnutridos a causa el dominio británico

  • Kenia: según alguna estimación, internaron hasta 150.000 kikuyus en unos 100 campos concentración, donde los maltrataban y torturaban, cortando testículos a hombres (obviamente sin anestesia) e introduciendo botellas en las vaginas de las mujeres. A lo que hay que añadir el robo de las mejores tierras para venderlas a bajo precio a los colonos europeos, dejando a sus propietarios africanos sin tierra de un día para otro.
  • América: los británicos transportaron más de 3 millones de esclavos africanos a sus colonias en este continente, de los que 2,7 millones llegaron. Las condiciones en los barcos negreros eran muy duras, así como en las plantaciones de destino, donde eran sistemáticamente maltratados a base de latigazos y de otras maneras. A ello hay que añadir el exterminio de nativos americanos.
  • China: por intereses imperialistas, ayudaron a la emperatriz Cixi a sofocar la Revolución Taiping, asesinando a 50 millones de inocentes.

Niño bóer malnutrido

  • Sudáfrica: en la Segunda Guerra de los Bóers se aplicó la política de tierra quemada, destruyendo cosechas y casas de los bóers (descendientes de holandeses, alemanes y franceses), matando su ganado e internando a esta etnia en campos de concentración donde bastantes murieron a causa de las pésimas condiciones.
  • Tasmania: cometieron un genocidio con sus aborígenes, que eran unos pobres recolectores-cazadores.

Los imperialistas suelen aplicar una doble vara de medir escandalosa. Cuando son ellos o sus ancestros los que dominan a los demás lo consideran algo glorioso, una hazaña motivo de orgullo que les da grandeza. Pero cuando eso mismo lo hacen los demás a su «nación» o al menos lo intentan entonces resulta que son unos vulgares opresores.

Es lo que sucede a los nacionalistas españoles con la invasión napoleónica, a los británicos con la armada invencible española o el Blitz de los nazis, a los franceses con la ocupación nazi, a los chinos con la invasión japonesa y un largo etcétera.

La sed imperialista no ha desaparecido, sino que sigue presente, especialmente en países como Rusia o China o entre yihadistas musulmanes. Los instintos de dominaciónrobo y agresividad siguen ahí, ya que el ADN del género humano no cambia en años ni en décadas, sino más bien en milenios. Son el origen del militarismo, es decir, el gusto (a veces obsesión) por los ejércitos, las guerras y la violencia.

Todos ellos están muy relacionados con el instinto gregario causante del racismo, etnicismo y ultranacionalismo.  Y también con las ideologías de extrema derecha y con el ensalzamiento de villanos.

Leer «No seamos racistas, etnicistas, xenófobos, ultranacionalistas».

Leer «Reformemos la parte dañina de la extrema derecha».

Leer «Seamos abiertos y evitemos el gregarismo dañino».

Leer «No honremos a ningún villano, sino a los que han luchado por un mundo mejor».

Todos esos instintos y tendencias fueron la causa de primera guerra mundial (40 millones de muertos, más millones de víctimas del sufrimientos varios y Europa devastada y en la pobreza) y segunda guerra Mundial (70-85 millones de muertos, más millones de víctimas de sufrimientos varios y Europa de nuevo devastada y en la pobreza).

Parece que no pueda ser verdad que tras la dura experiencia de la primera guerra, en tan sólo 2 décadas la misma generación haya ocasionado otra guerra todavía peor, pero desgraciadamente lo es. Hay que ser una especie desquiciada, desequilibrada y muy tóxica para hacer ese tipo de cosas, así como necia para chocar 2 veces en la misma piedra en tan poco tiempo, pero desafortunadamente el mal lo llevamos en nuestras venas.

Algunos creen que todo eso es agua pasada, algo de otros tiempos, que ahora por fin estamos a salvo porque nos hemos civilizado, pero no es así, ya que esos instintos humanos siempre están latentes. A menudo están durmiendo en una parte de nuestro cerebro mientras estamos ocupados y entretenidos con nuestros quehaceres, problemas y placeres del día a día. No obstante, pueden despertar en cualquier momento, por ejemplo en caso de conflictos o tensiones entre países o grupos.

De hecho la descolonización no finalizó hasta hace pocas décadas, en los años 70. Y como sigue habiendo millones de personas con aspiraciones imperiales y la historia suele ser cíclica, a no ser que haya un cambio profundo de mentalidad en la mayoría de gente, conviene no bajar la guardia y aplicar soluciones de raíz:

  • Reprimir esos instintos. Es bueno ser nosotros mismos y vivir conforme a nuestra naturaleza, pero siempre que no suponga daños a inocentes.
  • La educación INTENSA Y PERSISTENTE de niños y adolescentes y la pedagogía entre adultos en una cultura del respeto, la bondad, la justicia, la honestidad y la resolución pacífica de conflictos.

Leer «Respetemos a los demás».

Leer «Seamos buenas personas».

Leer «Seamos honestos».

Una forma de concienciar es compartir este tipo de mensajes. 

Gracias por hacerlo,

 Xavier Paya 

¡NO DAÑES!

www.institutodelbienestar.com

NO HAGAMOS DAÑO A NADIE, salvo legítima defensa contra el agresor.

 

Lee: El decálogo de la bondad.

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